NORAGAMI (ノラガミ). EL SINTOÍSMO COMO INSPIRACIÓN

Si de algo ha sabido sacar provecho el mundo del manganime es de las tradiciones religiosas niponas. En ocasiones las referencias nos llegan de manera algo más soterrada como ocurre con los mundos del Studio Ghibli y otras de forma mucho más palpable, exponiendo directamente estos referentes mitológicos de los que bebe. Yokais, Yureis, Kamis, leyendas, cuentos tradicionales… Por supuesto los dibujantes y animadores se toman licencias a la hora de adaptar dichas influencias, pero sus historias pueden ayudarnos a adentrarnos en la complejidad de sus fuentes.

Uno de los ejemplos contemporáneos más significativos dentro del mundo del manga es el caso de Noragami, el cual se inspira en algunos contenidos del culto Sintoísta. Iniciado en 2010 por el dúo de dibujantes “Atachitoka”, y con 19 tomos publicados hasta la fecha, el manga nos narra las aventuras de Yato (夜ト), un dios menor del extenso panteón sintoísta. En el mundo contemporáneo Yato ha caído en el olvido y “sobrevive” de las tareas domésticas que algunos “fieles” le encargan. Decimos “sobrevive” porque ¿qué es un dios sin alguien que le rece? Ésta parece ser la inocente premisa de la historia aunque, como se verá a medida que la trama avance, se irá complicando.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DIOS A DOMICILIO

La manera de anunciarse de Yato no es a través de escrituras sagradas antiguas o por información que algún templo pueda ofrecer a algún interesado. Enfundado en su chándal y armado con su rotulador el dios va dejando anuncios por toda la ciudad. Se ofrece para cualquier cosa: limpiar la casa, sacar al perro… Tan solo hay que llamar al teléfono anunciado. Eso sí, no aceptará ni más ni menos que 5 yenes por cada trabajo tomándola como “ofrenda” a su labor (una medida típica repetida en los santuarios sintoístas en las que antes de realizar el rezo y atraer la atención de los Kamis mediante unas palmadas, se requiere de este tipo de “pagos”).

El objetivo de Yato es el convertirse en el Kami más adorado de todos, pero para ello primero ha de ahorrar lo suficiente para construirse un Santuario en el que habitar y al que sus “fieles” puedan acudir. En resumidas cuentas, Yato es un Dios-vagabundo. Podría sorprender al occidental que alguien “olvidase” a uno de los dioses de su culto pero es que, según los textos sagrados sobre los que el sintoísmo se construyó (Kojiki y Shoku Nihongi), son Yaoyorozu-nokami (八百万の神),  (literalmente “ocho millones de dioses“) los Kamis que componen el panteón.

EL FOLCLORE COMO FUENTE DE INSPIRACIÓN

A lo largo de la historia Yato convivirá con algunos de los kamis más conocidos. Los siete dioses de la fortuna serán los más destacados, sobre todo dos de ellos: Bishamonten, diosa de la fortuna en la guerra y las batallas, hecho que también la relaciona con la autoridad y dignidad; y Ebisu, patrón de los pescadores y uno de los dioses de la prosperidad más queridos. De los siete dioses de la fortuna Ebisu es el único que tiene su origen radical en las tradiciones antiguas del pueblo nipón, lejos de las influencias de India y China. Ello se debe a que Ebisu es nada más y nada menos que uno de los hijos de las deidades fundadoras de Japón, y creadoras del mundo en general, según el Kojiki: Izanami e Izanagi.

Por supuesto Noragami no deja de ser un “producto” comercial (además, de tipo shonen), es decir, la manera de abordar o recoger las fuentes folclóricas se plantea en ocasiones de manera muy superficial. A pesar de ello, algunas referencias sacarán una sonrisa a los que conozcan algo de las tradiciones sintoístas y quizá inviten a investigar a aquellos a los que nada sepan de ellas: las ofrendas antes mencionadas, la importancia del agua como medio de purificación, la aparición de figuras como la Tenjin-Sama, Kami de la erudición al que los estudiantes japoneses se encomiendan para aprobar sus exámenes… Quizá la referencia más interesante, y a la que el anime de dos temporadas emitidas entre 2014 y 2016 dedica varios capítulos, es la del descenso al inframundo de Izanagi.

Según la mitología nipona, cuando Izanami, madre de Ebisu, dio a luz al dios del fuego, murió a causa de las quemaduras. Izanagi descendió a los infiernos para rescatarla pero Izanami, que había probado los alimentos de aquel mundo, ya pertenecía a aquel mundo. Izanagi logró escapar de allí antes que su antigua compañera y el resto de los demonios que la acompañaban lo secuestraran y le hiciesen correr la misma suerte. La persecución es reflejada tal cual en Noragami situando esta vez como protagonistas del relato a Ebisu y Yato.

Como éste, son varios los guiños que el manga propone a algunos de los aspectos más básicos de la tradición. Sin duda, bien entendido y “usado”, el manga puede ser una estupenda puerta de acceso a un mundo algo desconocido para los occidentales pero al que, poco a poco, obras de este tipo acerca.

Seguir indagando y sumergiéndonos más allá de lo que estas “obritas” proponen ya es asunto de cada cual. No está mal echar un vistazo de vez en cuando a las bases que las inspiran. Quizá llegue un día en el que nos cautiven incluso más que los edificios construidos sobre ellas.

 

(* Este post ha sido escrito en base al artículo «Noragami. El sintoísmo como fuente de inspiración» que publiqué en el nº 25 de la revista Eikyo, influencias japonesas. http://www.eikyo.es/)

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